Nuestro planeta es un sitio más que bello para el desarrollo de la vida. Solo basta decir que existen sobre la Tierra, un total aproximado de cuarenta millones de especies animales, muchas de las cuales conviven con el hombre, son conocidas por todos y hasta nos resultan familiares de solo verlas.
Sin embargo hay otras muchas de las que prácticamente nunca hemos escuchado hablar.Por ejemplo el calamar vampiro, un raro animalito de cuerpo gelatinoso que con sus treinta centímetros habita en aguas profundas y que presenta un aspecto poco tranquilizador con su mirada de ojos color rojos o azules. El calamar vampiro está íntegramente cubierto de órganos reproductores de luz, llamados fotóforos, y es capaz de producir flashes de luz, del mismo modo que lo hace una cámara de fotos. Si se ve amenazado, lanza una pegajosa nube bioluminiscente formada por miles de bolitas que expulsa desde la punta de sus ocho brazos.
Esta cortina luminosa, que puede durar hasta unos diez minutos, distrae a sus depredadores dándole tiempo al pequeño calamar a esconderse en sitios más seguros, pero que una vez usada le cuesta a este cefalópodo mucho trabajo recuperarla desde el punto de vista metabólico, lo cual obliga al animal a estar muy seguro de estar amenazado.
Fuera de los mares y en tierras más calurosas vive otro animalito extraño y poco conocido por nosotros: el cerdo hormiguero, también llamado oricteropo, un bicho muy poco elegante, de cola larga como el canguro, piel oscura arriba y rojiza sobre la parte inferior. Es originario de Africa, llega a medir más de dos metros y tiene la trompa muy similar a nuestros chanchitos, con garras muy fuertes, cuatro dedos en las patas anteriores y cinco en las de atrás. Pero sus costumbres son muy diferentes. Son animales temerosos y viven en madrigueras subterráneas que sólo abandonan de noche, cuando orientados por un excelente olfato y llevados por la percepción de su exquisito oído, buscan su alimento preferido que son las hormigas y las termitas.
A esta forma de alimentación se le llama mirmecofagia. Sus orejas son muy largas y cuando bajan a sus cuevas, las pliegan hacia atrás para que no les molesten mientras deambulan por los pasadizos de las madrigueras.
Lo dicho: un mundo bello donde viven infinidad de especies, todas ellas admirables y dignas de amar y convivir pacíficamente.

