
Han transcurrido casi 2500 años desde que el Partenón, templo de la diosa Atenea, se levantó majestuosamente por primera vez sobre la Acrópolis de Atenas.
Hoy, miles de turistas siguen maravillándose con la colosal obra de arquitectura de los atenienses, una sociedad que produjo tal perfección que debía haber perdurado siglos o aún miles de años. Sin embargo, aunque parezca increíble y muy difícil de aceptar, el llamado “Siglo de Oro de Atenas”, solo duró la mitad.
La construcción del Partenón fue en esencia una expresión de orgullo de los atenienses. A mediados del Siglo V a.C. tenían razón de sentirse así ya que su democracia alcanzó logros políticos y culturales jamás igualados en el mundo antiguo. Atenas era la reina de las civilizaciones conocidas y sus habitantes sentían un enorme e indisimulado amor por su ciudad. Grandes filósofos, como Platón y Aristóteles, hicieron de la ciudad un centro increíble de actividad intelectual y Atenas desbordaba cultura por donde se la mirara.
Pericles expresó claramente los sentimientos de los habitantes, cuando en un discurso del año 431 a.C. alabó a Atenas por ser la “escuela de Grecia”, el pináculo de la civilización y el mejor ejemplo de la democracia bien entendida. Debido a este enorme orgullo, los atenienses sentían que era su obligación unirse y embellecer su ciudad.
Así fue que nació el Partenón. Fue construido entre los años 447 y 432 a.C. y se pagó con fondos públicos, otorgándose miles de contratos a centenares de ciudadanos de Atenas. Cada uno se responsabilizó de una parte del trabajo; algunos estaban encargados de transportar bloques, otros de acanalar columnas, algunos otros de pulir el mármol, varios de la limpieza, etc. Con semejante espíritu comunitario, la construcción, salvo detalles menores, se terminó en sólo nueve años y sigue siendo hasta hoy, pese a su destrucción por diversos motivos, una obra increíble por su belleza y su arquitectura.
Sin embargo, el Siglo de Oro de Atenas era demasiado bueno para perdurar. Una peste atacó la ciudad en el año 430 a. C. y produjo miles de muertes. Veintiseis años después, la invasión espartana echó por tierra otros proyectos de engrandecimiento y bellezas para la ciudad.
Y así fue que Atenas jamás pudo reconquistar la breve, increíble y maravillosa gloria de su inconcluso Siglo de Oro. Un siglo que apenas duró 50 años…