La Fiebre del Oro

fiebre_del_oro_1Una mañana de enero de 1848, el capataz James Marshall que trabajaba para el empresario John Sutter, notó que algo brillaba en el lecho del canal, en el afluente sur del Rio Americano, en el centro mismo de California. Eso era territorio de uno de los aserraderos de Sutter.

Sumergió la mano en las aguas heladas y sacó una roca amarilla del tamaño de un poroto. Reunió varios fragmentos más y los examinó incrédulo porque desde hacía un tiempo venía sospechando que en las faldas de esas sierras podría haber oro.

Pero ¿Sería realmente oro o sería pirita de hierro, lo que se conoce como “el oro de los tontos”?. Golpeó la pequeña piedra contra otra roca y se dio cuenta que era algo blanda. Tenía que ser oro porque la pirita es frágil y se hubiese quebrado. Su corazón empezó a palpitar de otra manera. Colocó los dos o tres guijarros de oro en su sombrero y corrió hacia donde estaban sus compañeros para mostrarles el hallazgo. A los gritos les comunicó que estaba casi seguro que había encontrado una mina de oro!.

Los hombres, muy excitados corrieron al canal y sacaron muchos más guijarros dorados durante los siguientes tres días. Cuando acumularon unos 100 gramos Marshall se lo notificó a su patrón. Sutter le pidió una balanza a un boticario amigo y a puertas cerradas, ambos hombres probaron los trozos dorados, calculando su peso con respecto a la pirita. Sin duda era oro puro.

Sutter les pidió a sus hombres que conservaran el secreto. Pero pese a las promesas, para mediados de abril se inició un largo éxodo de buscadores de oro en el rancho de Sutter. Unas pocas semanas después la noticia del oro había cruzado continentes y océanos.images (9) images (8)
A fines de 1848, más de seis mil hombres trabajaban en las excavaciones por los principales ríos de la zona y por los arroyos que cruzaban las sierras hacia el Pacífico. Al año siguiente se inició finalmente la Fiebre del oro, también notoria por la llegada de los Forty Niners, así llamados por haber llegado en 1849 a buscar el dorado mineral. A fines de ese año, más de 90.000 hombres habían llegado a California soñando llenar sus alforjas.

Todo esto duró poco más de dos años y al terminar 1851 ya se habia agotado el oro más accesible. Fue entonces cuando la explotación requirió especialistas y mucho capital en maquinarias. Para octubre eran 57.000 los hombres que trabajaban en los arroyos dorados y día a día iban en disminución. Muy poco tiempo después, ya casi nadie cabalgaba por los rios de California.images (7) images (6) gaia25203_01

Así fue la historia del oro. Efímera y pasional. Pese a eso, muchos de esos hombres, aún con sus pocas pepitas, desarrollaron un modo de vida memorable. Otros fueron prácticamente esclavos de sus patrones y las quejas eran cosa normal. Hasta que el sueño acabó y uno a uno fueron regresando a sus hogares, la mayoría con sus sueños hecho añicos y sus alforjas vacías.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *