En la década de 1640, el físico y matemático italiano Evangelista Torricelli
descubrió que la presión de la atmósfera elevaba una columna de mercurio en un tubo de vidrio, unos 76 centímetros.
Cuando el francés Blas Pascal repitió el experimento prefirió utilizar vino. Pero como es mucho menos denso que el mercurio, se vio obligado a construir un tubo de 14 metros de altura.

