Todos sabemos que los terremotos son sacudidas intensas y bruscas de la corteza terrestre producido por la concentración de energía acumulada en forma de ondas. También llamados seísmos, han provocado en la historia de la humanidad, miles de muertes.
El más feroz terremoto de la historia se produjo en el año 1556 en la región de Shanxi, en China. En esa trágica jornada murieron en pocos minutos más de 830.000 personas.

Pero claro, podríamos decir que la precariedad de las construcciones de la época, atentaron contra la seguridad de sus habitantes. Por eso, nos vamos a referir a algo más actual, también en China.
El 28 de julio de 1976, la ciudad de Tanshang y sus habitantes no imaginaron que iban a pasar a la historia como el sitio más azotado del mundo moderno, culpa de un terremoto de intensidad 7,6 en la escala de Ritcher. Este seísmo fue el más grave en cuanto a victimas humanas en lo que se ha podido registrar en tiempos de ciencia moderna. Perdieron la vida en apenas unos pocos segundos, un total de 242.000 personas., aunque registros posteriores especulan que podrían haber superado los 600.000
El temblor principal comenzó a pocos minutos de las cuatro de la mañana mientras la mayor parte de la población descansaba. Los sobrevivientes de este movimiento telúrico se vieron sorprendidos nuevamente a las siete de la tarde con un segundo movimiento de casi el mismo tenor que terminó de derribar los pocos edificios que quedaban en pie. Varias réplicas posteriores aniquilaron lo poco que quedaba sin caer y las victimas se multiplicaron dramáticamente.

Sin embargo lo más extraño de este terremoto son las luces extrañas que se vieron en el cielo la noche anterior.
Se las conoce como EQL, del inglés Earth Quake Light o “luces de terremoto”, un inusual fenómeno que suele darse en muchos lugares antes del movimiento. Son similares a las auroras boreales, de tonalidades azules y blancas y permanecen en el cielo algunos segundos aunque se han reportado varias que pueden observarse durante una decena de minutos.
Se pueden encontrar estas luces a través de la historia en terremotos que han sucedido hace siglos, como por ejemplo en el año 373 aC en Grecia, donde inmensas columnas de luces en el cielo predijeron la desaparición de las ciudades de Helice y Bura. Mucho más cerca en nuestra historia, el 15 de agosto de 2007 y el 27 de febrero de 2010 en Perú y Chile respectivamente fueron observadas estas misteriosas luminiscencias, mismas que se han repetido en la noche del 15 de junio de 2013 en el terremoto sucedido en México.

Existen varias teorías con respecto a este inusual fenómeno. Uno de ellos es la triboluminiscencia, un fenómeno óptico que se genera cuando algun material está sometido a presión, tensión o trituración y parece ocurrir por separación y reunificación de cargas eléctricas.
Un grupo de científicos liderados por Robert Theriault usó una nueva técnica para investigar las luces. Analizaron las condiciones geológicas durante 65 terremotos en los cuales se vieron luces, para poder discernir que las causaba. Descubrieron que la mayoría de los terremotos ocurren en los límites entre dos o más placas tectónicas, sin embargo, los que tuvieron luces se dieron entre placas tectónicas con roturas continentales. Además, encontraron que las luces pueden verse antes o durante el terremoto, y no después.
La explicación que dieron para este fenómeno también está relacionada con la energía electromagnética en las rocas, pero no en la ionosfera. La tensión ocasionada en las rocas provoca que se rompan los pares de oxígeno cargados negativamente. Cuando esto ocurre, los iones de oxígeno flotan entre la roca hacia la superficie, ionizando el aire, y formando un gas que emite luces. La tensión en las rocas se genera mucho antes de que se ocasione el terremoto y esto explica que las luces puedan verse tiempo antes.
Hasta el momento no existía un medio natural para pronosticar los terremotos, pero la aparición de estos resplandores es un buen indicador de actividad sísmica, aunque por lo general no existe mucho tiempo como para la evacuación rápida de personas o animales.