Sixto, el de la Sixtina

Francisco Della Rovere había nacido en Liguria, república de Génova, en Italia, el 21 de julio de 1414.  A los 57 años se convirtió en el papa Sixto IV y a partir de allí la historia parece una película. Sixto IV no era todo lo que Dios seguramente exigiría de un papa.

Durante su época nombró en cargos de autoridad y de muchos ingresos a más de 25 sobrinos y parientes, entre ellos ocho cardenales, destacándose por su tremendo nepotismo. Este hombre tuvo seis hijos ilegítimos, a los que en su época se los conocía como “los sobrinos del Papa”. A tres de ellos los nombró cardenales, uno de los cuales fue Giuliano Della Rovere, el que luego sería también papa con el nombre de Julio II y que al igual que su padre, tuvo varios hijos.

Pero el predilecto de Sixto IV era Pietro Riaro, del cual se aseguraba en esos tiempos, que era el fruto de la relación con su propia hermana. Sixto IV fue un mecenas de las artes pero también fue el papa que autorizó los burdeles en Roma, los cuales aportaban mucho dinero anual a sus arcas. Fue también el que les cobraba a los sacerdotes por tener amantes y además les proporcionó privilegios a los adinerados, que si aportaban sus correspondientes cuotas “podrían solazarse con cualquier mujer en ausencia de sus maridos”.

Pero Sixto demostró dotes de genialidad al servicio de la estafa. Fue el primero al que se le ocurrió dar indulgencia a los muertos, los cuales una vez fallecidos podrían salir del Purgatorio si sus familiares pagaban buen dinero por sus culpas. El Papa se enriquecía a medida que los creyentes eran engañados. No se le exigía nada al donante, ni arrepentimiento, ni fe, ni piedad ni oración. Solo dinero.

Este papa incitó a la lucha de varias regiones para ganar territorios y dárselos a sus hijos, mientras toleraba las actividades de la Inquisición. Sixto IV fue el que hizo edificar la Capilla que en su honor lleva su nombre. La Capilla Sixtina ha visto todo tipo de ignominia. En ella los cardenales han organizado refrigerios vergonzantes, la usaron como dormitorio y a menudo la utilizaron para provocar revueltas. Bajo las magníficas imágenes de Miguel Angel, Napoleón cobijó los caballos de su ejército, mientras la Capilla, que se levantó como un adorno del Vaticano, se hermoseó al mismo tiempo que la corrupción se encerraba en sus paredes.

Actualmente es allí donde se eligen los Papas nuevos. Sixto IV falleció en Roma a los 70 años, el 12 de agosto de 1484 y fue sepultado en la basílica de San Pedro. El obispo Creighton opinó en ese momento, que “Sixto IV rebajó el tono moral de Europa”. 

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