Durante mucho tiempo se creyó que la Tierra era plana como una tortilla, pero con el paso de los siglos debió admitirse que era redonda. Eso fue antes de percibir, a principios del Siglo XX, que era más bien oval y aplanada en los polos. Hoy, gracias a los satélites de observación, podemos afirmar que nuestro planeta es raro…muy raro.
¿Y eso porqué?. Pues por la sencilla razón que gira.
Los geofísicos estiman que eso se produce porque durante millones de años se ha comportado como una gota de fluido que gira sobre si misma. De ese modo, un punto que se encuentre en el ecuador posee una velocidad de avance mayor que un punto en los polos, y al cabo del tiempo esta diferencia deforma el globo y se aplana en el norte y en el sur.
Primeramente, para no confundir la forma general de la tierra y los relieves geográficos naturales como las montañas, los geofísicos han definido una superficie de referencia, el geoide, que casi se confunde con la superficie media de los océanos, exactamente como si el planeta estuviese recubierta por los mares.
Podría creerse que esta figura virtual era lisa, pero de ninguna manera: el geoide está lleno de jorobas, con irregularidades que alcanzan centenares de metros.
El sur de la India está desfigurado por una cavidad de 100 metros, Indonesia tiene una joroba de 75 metros y el Pacífico una protuberancia de 100 metros. Puede decirse que el planeta tiene un cierto parecido a una batata…

¿Qué fenómenos interno ha podido favorecer estas irregularidades? ¿Es cuestión de masa y densidad?. Una franja bajo China no ejerce la misma fuerza que otra del mismo tamaño debajo de Europa o del Atlántico.
Bajo los viejos continentes, la materia fría y subyacente, atrae poderosamente la superficie que se hunde… A la inversa, bajo la placa de los océanos, más joven que los continentes, la materia es más cálida y dilatada, por lo tanto menos densa y atrae con menor fuerza lo que está encima.
De ahí las jorobas. En resumen, si la Tierra no es redonda, es porque no está constituida como un bloque homogéneo y sus irregularidades son el producto de una rica actividad que se desarrolla en el alma misma del planeta.