Pisa es una ciudad de Italia famosa por su torre inclinada. En esta ciudad nació Leonardo Bigollo, conocido como Fibonacci, un matemático calculista que llegó a este mundo en 1175 y se fue en 1240.
El nombre Fibonacci quiere decir “hijo de Bonaccio”, tal como se llamaba su padre, del que aprendió todo lo referente a los números, ya que era director de Aduanas y un entendido en matemáticas.
El aporte de Leonardo Fibonacci a la ciencia es mucho, pero sin dudas se hizo famoso por la sucesión que lleva su nombre: los conocidos como “Números Fibonacci”, que no son otra cosa que una serie en la cual cada número es igual a la suma de sus dos anteriores: uno más uno igual a dos; uno mas dos igual a tres; dos mas tres igual a cinco; cinco mas tres igual a ocho…y asi sucesivamente.
Pero sin duda, lo más interesante de esta sucesión es que aparece en muchas ramas de la Naturaleza. Los números de Fibonacci son utilizados en los estudios sobre el azar, en clasificación de datos e incluso en los mecanismos para recuperar información en las computadoras, así como en los famosos fractales, objetos semi geométricos cuya estructura básica se repite a diferentes escalas, como por ejemplo un copo de nieve o una nube.
Una de las aplicaciones más conocida de esta serie es la que rige la estructura de los caparazones espirales de muchos caracoles, así como ciertas proporciones de la anatomía humana, animal y vegetal. Las semillas de girasol ubicadas en la parte central y las abejas en la colocación de las celdas de una colmena apelan a la serie.


