En nuestro planeta hay animales extraños, pero sin lugar a dudas el premio mayor se lo lleva uno que tiene sobre el planeta más de 350 millones de años. Apareció sobre la faz de la Tierra muy poco tiempo después que los primeros organismos vivos y no ha necesitado cambiar de forma.
Caminó sin lugar a dudas, los mismos caminos de los dinosaurios esquivando sus gigantescas patas y es más resistente comparativamente que una ballena, un elefante o un tiburón.
Puede tener trescientos hijos por año y se reproduce cada sesenta días, lo cual indica que del mismo animal pueden nacer 100.000 descendientes en doce meses. Ha soportado catástrofes naturales de todo tipo, cambios climáticos globales, fríos extremos y grandes períodos de calor, inundaciones, tornados y erupciones volcánicas, logrando subsistir a desastres nucleares como los de Hiroshima y Nagasaki y hasta la explosión del meteorito que arrasó con la vida de los grandes saurios.
En un 99% de los casos, esta bestia prehistórica es inofensiva al ser humano y cumple un importante papel ecológico aportando nutrientes en el medio ambiente ya que consumen materia orgánica y sus desechos sirven como alimento a organismos microscópicos que a su vez, los convierten en humus que son asimilados por las raíces de los árboles. Este animal ha sido testigo de toda la Historia de la Humanidad, desde los primeros seres vivos, pasando por la evolución de los pájaros hasta ver nacer el hombre hace unos miles de años atrás. Hay más de 5000 especies diferentes pero todas con las mismas características históricas, aunque los más comunes pertenecen a solo cuatro grandes grupos.
Se han acostumbrado a vivir cerca del peligroso ser humano y su tamaño varía de los cuatro milímetros a los 20 centímetros. Investigadores de la Universidad de Ohio, estudiaron un fósil de uno de estos animales, al cual dataron en una fecha de 55 millones de años antes de la aparición de los dinosaurios y su forma es exactamente igual a la que hoy podemos ver en los patios de nuestras casas, en los rincones de algún galpón o debajo de los pisos de madera. Tal vez por todo esto, cuando nos encontremos con una cucaracha, podamos reemplazar el sentimiento de repulsión por uno de respeto en base a su notable victoria evolutiva.
